lunes, 30 de noviembre de 2009

Otra vez parece que vuelve a suceder la historia de la Torre de Babel

Hace un tiempo recibí uno de esos correos en los que se adjuntaba una presentación curiosa. Se decía que era la casa del Sultán Al Nahyan de la familia Shekh Zayed, presidente de los Emiratos Árabes Unidos y gobernador de Abu-Dhabi.















Picoteando para bajar las fotos, en otro sitio parece que defendían que no era una casa sino un hotel de ese país. Me da igual. Como guinda, salía un audi todo hecho de plata. A mi no me dio ninguna envidia todo aquello. Parecía un mausoleo, frío y sin vida. No se ve una cosa descolocada, usada, vivida, no se ve un libro, un juguete de un niño. No se ve a nadie viviendo ahí.

Y el coche... es la quintaesencia de algo comprado por un nuevo rico. De las cosas más paletas que he visto nunca. Con su petróleo se lo coman, pensaba. Independientemente de entrar o no en si esa riqueza mal repartida era justa o no.

Hace unos días volví a recordar estas fotos, con motivo de la posible quiebra de Dubai. No me acordaba que se trataba de otro Emirato Árabe, pero ese detalle no me va desvirtuar la asociación mental. A fin de cuentas es un estado con el mismo origen y el mismo estilo de vida y financiación. El culto al Becerro de oro. Y Dubai, al parecer, se distingue por una megalomanía constructora. Muchos proyectos y edificios ahora están parados y sin dinero para ser ejecutados.
Es curioso, volví a recurrir a internet para ver imágenes de ese país en riesgo de bancarrota. ¡Y aparece la Torre de Babel! No sé cómo terminará esta historia.










Pero, aunque parezca una conclusión demasiado pretenciosa, yo sí creo que en todo ésto tiene algo que ver cómo el hombre se entiende a si mismo dentro del mundo. De si pretende "ser como Dios". El progreso así entendido, estoy convencido que no lleva más que a la ruina.
"Vanidad de vanidades, todo es vanidad" Eclesiastés 12, 8.

2 comentarios:

  1. También yo recibí ese correo. Insultante.Las asociaciones bíblicas que haces son elocuentes, pero la cita de Eclesiastés se hace especialmente dolorosa. Que una persona muera de hambre cada cinco segundos no es vanidad,y en pleno siglo XXI. No tengo ideología ni religión de etiqueta, pero creo que simplemente hace falta una mácula de ética para reconocer que las cosas deben sufrir un cambio radical. Somos una especie miserable.

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  2. Así lo creo: la ética no es algo que machaca al hombre sino el espíritu que alimenta y salvaguarda a una civilización y a cada individuo concreto de su destrucción. No quiero ser cenizo pero pienso que hay fuertes intentos de hacerla desaparecer de la sociedad española y occidental a base de relativismo y hedonismo radical. Saludos

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