lunes, 9 de marzo de 2009

¿Cómo educamos a nuestros hijos?¿Qué futuro queremos darles?

Ha llegado a mi conocimiento con retraso (en octubre de 2008 ya lo publicó Periodistadigital.com), una conferencia del juez de menores Emilio Calatayud. Un monumento al sentido común sin concesiones. Por coincidencia casual hace unos pocos días acabo de conocer una grave situación en un adolescente cercano a mi entorno, cuya causa es un problema de educación aún estando en la capa social más favorecida. Aparentemente de difícil solución por tratarse quizá de una deficiente interiorización de valores.

Mientras el discurso de la casta política y supuestamente intelectual dicta lo "políticamente correcto" y hace posible noticias como la condena de cárcel y separación del hijo, a una madre que le dio una bofetada; o la posibilidad de que una niña de 16 años pueda abortar sin el permiso paterno, aunque sarcásticamente éste sea requerido para que pueda visitar un museo con sus compañeros de clase. Mientras esta demagogia hipócrita que busca la desaparición de los pocos referentes que quedan en la sociedad (entre ellos, la centralidad de la familia y los padres en la educación de los hijos) caracteriza el discurso de algunos técnicos, "intelectuales" y la mayoría de legisladores y gestores de la educación, la vida real, la de todos los días, nos inunda con sucesos tremendos, concretos, cercanos, que confirman las nefastas consecuencias de tales enfoques ahora reinantes. La hipocresía y desparpajo con la que los gestores y supuestos defensores, por ejemplo, de la educación pública, llevan a sus hijos a centros privados, o a centros en los que se enseña saltándose los decretos de imposición lingüística que ellos imponen a otros. Como siempre la aplicación de la ley del embudo para la casta parasitaria.

Es un momento social difícil para los chicos que se están formando y para los padres que pretenden educar con sus valores a sus hijos. Es navegar contra corriente, contra el clima social preponderante. Así por ejemplo, independientemente de que se esté o no de acuerdo con ellos, lo evidente en el caso de los padres objetores a Educación para la ciudadanía, es que se buscan más problemas que si no objetaran.

Quizá todo ésto no es más que un rollo. Lo único que pretendía con esta entrada era dar a conocer esta lección de sentido común de este juez. De quién no se podrá decir que no conoce de primera mano las consecuencias de la educación y socialización que esta sociedad da a sus niños y jóvenes. Por si alguien no lo había podido oir y lo puede hacer por esta pequeña vía. Porque los cambios sociales no son posibles si antes no se producen en las personas. Y el asunto de la educación es probablemente el elemento clave de sustento y desarrollo o de desmoronamiento de cualquier sociedad.

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