lunes, 23 de marzo de 2009

Santiago es real, aunque algunos lo duden

Este fin de semana volvía a escuchar el discurso del escéptico occidental que quiere desmontar veinte siglos de historia calificando de poco menos que superchería gran parte del producto cultural de la propia sociedad occidental gracias a la cual vive como en ninguna otra cultura. Y sobretodo tirando a degüello cuando se trate de algo que roce con lo espiritual, lo religioso, la transmisión de tradiciones, lo cultual. Y si es de la Iglesia Católica en la que sus padres quisieron educarle porque creían que esa era la mejor herencia que le podían dar, con más ahinco. Aunque es verdad que no siempre hay que estar de acuerdo en todo con los padres. Y a pesar de que en no pocas ocasiones, gracias a esas tan discutidas interpretaciones de la recta conducta o del fin último, han podido llegar a ser cosas y personas, por el sacrificio, y la obediencia, por que no decirlo, de los antecesores.
Parece que todas las armas críticas del empirismo y el escepticismo de las ciencias duras (por otra parte desarrolladas en el marco cultural que se pretende juzgar sin piedad) fuesen medios de provocación o de ridiculización hacia algún oyente poco informado, ingenuo o simplemente poco grato al siempre presto objetor de la pura razón. Ese oyente, entre otros quizá, me temo que era yo.
Aunque al final los argumentos racionalistas siempre suelen terminar con un juicio sumarísimo a la barbarie doctrinal de tal o cual fulano, o a la falta de coherencia vital de los fieles fideístas. De nada vale decir aquello de Pablo: "tesoro llevado en vasijas de barro".
Uno de los ejemplos que se esgrimía provocativamente fue la afirmación de que quien estaba enterrado en Santiago era Prisciliano y todo el mundo informado lo reconocía.
Este fin de semana estuve en mi pueblo, en Santiago. He vuelto a pasear por sus calles, sus edificios, sus iglesias. Y no me pareció que formasen parte de una gran mascarada, de una gran representación teatral. Santiago no me pareció de cartón-piedra. Sino todo lo contrario, me pareció, aún hoy, un lugar en el que una gran corriente cultural confluye, una manera de vivir que ha sido determinante en la historia de Europa y, por extensión, de los territorios por ella colonizados. Para bien y, también a veces para mal. Y son historias de millones de personas que han transitado por la vida, al menos algunas, desde el plano espiritual. Economía sí, a veces mezquindad, pero no menos voluntad de sentido más allá de la apariencia.
Yo no sé de quien son los restos encerrados en una urna en la catedral de Santiago. Pero no tengo duda de la importancia capital del pescador galileo para la historia de mi pueblo, para la historia de Europa y de muchas personas que han vivido y viven en el mundo. Con sus luces y sus sombras. No me siento con capacidad para condenar veinte siglos de historia.
Me da a mi que esta civilización o algunos de sus integrantes, quieren dañarse a si mismos. Porque ¿hacia dónde quieren ir? El hombre se ha querido salvar por si mismo con el socialismo y ahora el capitalismo está abocado, al menos, a una reformulación no leve.
¿Cuál es la alternativa que proponen?
A pesar del mercantilismo que todo lo invade, me gusta que la catedral siga siendo fundamentalmente, no un museo, sino un lugar vivo, de encuentro. Casa abierta y con una voz por megafonía que recuerda de vez en cuando que es lugar de oración y de conversión.

1 comentario:

  1. Estimado amigo:

    Te comunico que has sido galardonado con un Premio Red Hispania al Amor a España.

    Además, todo aquel al que se le conceda el premio tendrá derecho a escribir también en Red Hispania. Bastará con que el premiado acepte el premio, cumpliendo con las normas establecidas, y escriba a blogosferahispanica@gmail.com, comunicando quién se lo ha dado. Red Hispania pasará a enviarle por correo el permiso de escritura a la dirección email que el premiado indique.

    ¡Felicidades!

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